Época de transiciones

Nada dura para siempre. Después de las experiencias de los primeros 3 meses nos ha llegado la hora de las primeras trancisiones.

1. Preparando la rutina.
Si ustedes me conocen sabrán que yo soy una persona muy estructurada y organizada. En mi vida todo tiene que tener sentido y estar previsto desde meses antes de ocurrir. Por eso planeé que mi bebé naciera en Setiembre y así juntar mi licencia con las vacaciones y por eso me pasé todo mi embarazo comprando pañales y toallas húmedas.

Disfruté de mi licencia de maternidad como nunca había disfrutado algo más en la vida. Pero a mediados de Diciembre Monica y yo empezamos una rutina encaminada a suavizar la época de trancisión que inevitablemente ocurriría.

Empecé a crear un banco de leche para evitar la fórmula a mi regreso al trabajo. Todas las mañanas rutinariamente sacaba mi extractor y me enchufaba. El extractor de leche ha sido uno de los mejores regalos que me han hecho. En un principio utilizaba un extractor manual pero duraba muchísimo tiempo para sacar una onza de leche. Ahora tengo un extractor eléctrico doble y en 15 minutos tengo leche para uno toma. Llegué a tener en el congelador 240 onzas de leche.
Este asunto de la le

che podría ser trivial para algunos. Mi mamá simplemente me decía que comprara fórmula. Yo me he negado. No hay alimento como la leche materna. No hay satisfacción más grande que verla crecer del producto que mi cuerpo ofrece.

También comencé a dedicar una hora al día para mí misma. La lactancia me ha hecho perder mucho peso, unos de 20 kilos en 4 meses y medio y mucha de mi masa muscular también. Decidí entonces hacer media hora de ejercicio en casa. El ejercicio ha mejorado mi figura, mi condición, mi alimentación y mi ansiedad. Creo firmemente que toda esa energía y buena vibra que me produce la actividad física se refleja en Monica. Ella es activa, risueña, feliz.

Leer: la recuperación a través del ejercicio

Otra de las decisiones que tomé fue realizar actividades que incentivaran y profundizaran nuestra relación. Compré un libro de cuentos que contiene 365 cuentos cortos. Todas las tardes rutinariamente Monica y yo nos sentamos a descubrir una aventura durante 5 minutos. Son 5 minutos que nadie puede interrumpir. Sin gente, sin televisor, sin celular. Yo estoy totalmente segura que mi bebé escucha atentamente la historia. Hasta pareciera que está viendo las imágenes.

También empezamos a asistir a clases de natación los sábados en la mañana. La piscina fue amor a primera vista. En poco tiempo he observado como los músculos de la espalda y cuello de Monica se han fortalecido. Después de cada clase, ella come mejor y duerme mejor. 45 minutos de juego y de relación madre-hija se hacen más fuertes cada sábado.

Otro de los cambios que hicimos fue la rutina del baño pasándola para la tarde. Esto nos trajo varios beneficios. Aprovechamos mejor las mañanas y nos relajamos en las tardes.

El tiempo se acercaba. Así que empezamos a dejar a Monica con alguna de sus tantas tías. Empezó a tomar su lechita en su vasito y aunque no le gustaba mucho al principio, terminó acostumbrándose a él. No con todas sus tías le fue bien. Con algunas se llevaba muy bien y con otras solo llorar.
Hasta aquí, todo iba bien, altos y bajos pero todo manejable.

 

2. Del colecho a dormir en la cuna

Adam y yo desde el principio hemos amado y defendido el colecho. Lo hicimos desde el dìa que llevamos a nuestra bebé a casa. La seguridad ante todo. Al principio usamos un nido pero cuando nuestros cuerpos fueron suficientemente conscientes del pequeño cuerpo de nuestra bebé hicimos a un lado el nido. Mi mayor temor he sido siempre el SIDS (muerte súbita del lactante) así que ese contacto noturno me trajo mucha seguridad, yo duermo mucho mejor y ella también. Ella tiene su teta disponible cada vez que la quiere sin estar llorando por ella y yo no ando como zombi en el día.
El que no dormía muy bien era Adam, así que como nada dura para siempre, decidí pasarla lentamente a su cuna. Empecé llevándola durante el día cuando estaba despierta a jugar a ella. Después ya hacía su siesta en ella y por último ya dormía toda la noche. A ella no le cuesta. A mi si. He escuchado muchas veces la famosa frase, “a usted le duele más que a ella” y aunque por un lado admito que es verdad, la frase en sí me molesta un poco porque siento que tiende a minimizar mis sentimientos de madre. Tengo derecho como madre a sentirme triste y sentirme insegura? Por supuesto que sí. Solo el tiempo y la rutina podrá asegurarme que en su cuna nada le pasará.

El día finalmente llegó
3. De la licencia de maternidad al regreso al trabajo
4 meses y medio después llegó el día. Yo tenía todo preparado, la rutina, el banco de leche, la cuidadora. Lo único que no estaba listo eran mis sentimientos. El primer día no pude dejar de pensar en ella. Estaría disfrutando de jugar en el gimnasio? Se habrá tomado toda su lechita? Sabrá su cuidadora como arrullarla para que tome su siesta? Me extrañará mi bebé? Se olvidará de mi? Tuve que guardar el celular en el locker porque no podía con la tentación de enviarle un mensaje a Ileana. No habían dicho que la reunión había terminado cuando ya tenía el bolso en la mano y estaba en el portón.
El segundo día Monica amaneció enferma. La primera enfermedad de mi bebé. Fiebre y diarrea. Me sentí super mal. No hay sentimiento comparable. Ver a mi bebé decaída y triste es lo peor que me había pasado. Adiós a su cuna, otra vez al colecho. Como padres primerizos la llevamos donde 3 doctores. La primera me dijo que no tenía síntomas de infección, que la llevara a casa, controlara la fiebre y no permitiera la deshidratación. La segunda le mandó exámenes de sangre y recomendó darle antibiótico y gatorade. Esas recomendaciones me hicieron buscar otro doctor. Una bebé de 4 meses no debería tomar otra cosa que no sea su leche. El antibiótico la puso peor. El último doctor le quitó el antibiótico y me mandó a tener paciencia y darle probióticos.
Lo más triste de tener a mi bebé enferma fue tener que confiar en que ella estaba en buenas manos con Ileana. Enferma o no yo tenía que ir a trabajar. Traté de aprovechar mi hora de lactancia para regresar antes a casa. Sin embargo hasta ese derecho se me negó en los primeros días. Me sentí tan desprotegida y frustrada. Aún en tiempos actuales las mujeres tenemos que salir a defender nuestros derechos.
Como llevaba varios días enferma me puse a buscar consejo en foros de maternidad con expertas en lactancia. Hace poco enxontré un grupo muy bueno llamado Maternidad Agria. Les envié una foto del pañal de mi bebé y cual sería mi sorpresa al enterarme que mi niña ya no está enferma. Solo debo continuar los probióticos un par de días más. En unos días veremos si le ha ayudado.

Volver a trabajar también ha requerido modificar la rutina. En la noche dejo los bolsos listos y los componentes del extractor y botellas esterilizados. Sigo haciendo ejercicio al final del día, una vez que Monica se ha dormido. Me despierto a las 5, me enchufo al extractor, me alisto, alisto a Monica, le doy de comer, tomo una taza de café en 5 minutos, la subo al carro, la llevamos donde Ileana, me subo al bus. 7:30 en punto estoy en Liberia. Pareciera una mañana ajetreada. Pero si sigo siendo organizada no tendré mayores dificultades.

Ayer me enteré que sólo trabajaré 4 horas al día, con los niños de materno del CEELI. En realidad son 3 tomando en cuenta mi hora de lactancia. Eso me pondría en casa a medio día. Podré disfrutar muchas horas con mi gordita cada día. El panorama para el 2018 se ve bonito. Vamos a ver que pasa.

Escrito el 14 de Febrero del 2018

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