Los dientes de mi bebé: un par de tips

Hemos pasado un mes un poco agotador. Los dos dientes inferiores delanteros de mi bebé aparecieron y con ellos vino mucha irritabilidad. Empezamos a darnos cuenta de esas molestias cuando ella empezó a babear más y todo lo llevaba a su boca. En el momento que su primer dientito logró romper la encía aumentaron considerablemente las molestias.

Aunque mi bebita siempre había sido muy dócil y de carácter pasivo, por dos semnas sólo en brazos quizo andar, lloraba mucho cuando la ponía sobre la cama o el sillón. También empezó a despertar más de noche (algunas noches cada hora) cuando ya habíamos logrado 1 despertar, a veces 0 y como máximo 2. La gente con sus comentarios empezó a decir que estábamos ante un clásico caso de brazitis y la situación empeoró un poco cuando me empezó a morder los pezones.

 

Fue ahí cuando tuve que empezar a leer, investigar, probar y aprender (otra vez). Por un lado hay quienes afirman que la erupción de los dientes no debería doler, pero por otro lado la experiencia nos dice que el bebé se siente molesto por algo y debe ser bien frustrante no poder expresarlo.

En un principio probé las técnicas clásicas para aliviar los malestares: los mordedores y la matricaria en polvo. Después me di cuenta que éste último contenía lidocaína y decidí no usarla más. No quería medicar innecesariamente a mi bebé. En su lugar intenté otros remedios caseros.
Tres de ellos fueron de mucha ayuda. En primer lugar la congelación de los mordedores y de paños húmedos no sólo entretenían a mi bebé sino también ‘dormían’ sus encías. Cuando mi gordita me mordía el pezón, inmediatamente le quitaba el pecho y le daba alguno de éstos. Muy pronto dejó de morder.


Por otro lado empecé a congelar también mi leche. Algo tan simple como un molde para hacer hielo, unas chupetas (que de todos modos mi bebé dejó de usar con la aparición de los dientes) y mi propia leche fueron como una pócima. Sólo imaginen, lo que mi nena más ama convertido en un medicamento natural. Las paletas de leche materna (o paletas de chichi como les llamo yo) fueron un éxito rotundo.

En segundo lugar, ‘colechar’ y ‘portear’ nos ayudó a que nuestra bebita tuviera la seguridad de que estaríamos ahí en el momento en el que ella nos necesitara. En otras oportunidades lo he dicho y ésta no será la excepción. Me choca un poco que la gente no entienda que los bebés lloran porque necesitan algo. Esa es la única forma que tienen para comunicarse con nosotras. A veces me pongo en el lugar de ellos. Están molestos con sus dientes, lloran porque necesitan un abrazo o los brazos o el pecho de su mami y vienen otros con sus opiniones a decirles que son unos malcriados y manipuladores 😣😣. Pobres bebitos.

La única forma que encontré para no volverme loca durante esos días fue el porteo. Juntitas, cuerpo a cuerpo hicimos todo: lavar los platos, lavar la ropa, acomodar la casa, trabajar. Y aunque fue muy cansado nadie dijo que ser madre fuera fácil.

Please ignore my hair/ Por favor ignorar mi cabello
😀

Ya pasó esta primera etapa de dentición. Ella volvió a ser la bebé de personalidad risueña. Volvió a jugar con sus juguetes en el suelo sin querer estar en los brazos siempre, mientras mamá anda alternándose entre jugar y atender todo lo que tiene que hacer en el día. Ya estamos preparadas para la próxima vez que más dientitos quieran salir.

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