Viajar sin bebé

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Hace algunos días estuve de viaje de viaje por Panamá. Por asombroso que parezca viniendo de ésta “mamá gallina” mi bebé y yo estuvimos separadas por 5 días y 4 noches. En esta entrada quiero contarles del antes, durante y después de viajar sin bebé.

Para darles un poco de contexto comienzo por contarles que mi pequeña niña tiene 1 año y medio y que a pesar de que comenzamos a alternar con leche entera después del año de vida ella aún es lactante. Desde su nacimiento además, ella acostumbra irse a dormir tomando el pecho y éste siempre estuvo disponible en los despertares de la madrugada también. 


La preparación

Nunca nos habíamos separado durante tanto tiempo por lo que ya irán entendiendo entonces la terrible ansiedad que manejé prácticamente desde que reservé mi vuelo. Traté de prepararme lo mejor que pude: leí un par de artículos, incluído uno muy bueno del blog de Josephine Life y también pedí consejo en grupos de mamás. Uno de los consejos que más recibí fíue explicarle a ella la situación que viviríamos. Así que, una semana antes, comencé a hablar con ella. Le conté que iba a salir de viaje y que estaríamos separadas por algunos días. Le dije que ella se quedaría con su papá, que por las mañanas iría a jugar y que por las noches no habría leche del pecho para tomar. También le mencioné que la llamaría todos los d?as y que la extrañaría todos los días también. 

Antes de salir, preparé también un suéter que en ocasiones me pongo. Lo dejé sin lavar y la acurruqué con él en un par de ocasiones.

El problema de la leche

Viajar sin bebé, un reto para la lactancia

El asunto de la lactancia fue probablemente el que más me desveló. La pregunta, qué irá a pasar cuando quiera irse a dormir y no encuentre su teta? O cuando se despierte de madrugada? A pesar de que durante el día ella tenía por costumbre tomar leche de chupón con papá, los días antes de salir, también “practicamos” con papá durante la noche. El tenía la leche lista para que al despertarse de madrugada, ella pudiera beber. Sin embargo, durante este tiempo de práctica no logramos nunca que quisiera irse a dormir sin tomar el pecho.

Yo además tenía muchas dudas sobre que pasaría después de pasados los 5 días. Querría ella destetar? Estaba yo preparada para eso? Yo había leído mucho sobre el destete respetuoso (no negar, no ofrecer); sabía que un destete respetuoso no se podía dar antes de los 2 años y sabía perfectamente que ésta era la forma menos respetuosa de hacerlo. 

El viaje: días perfectos, noches extensas

Y aún así, con todas esas preguntas sin respuesta y procesos a medio terminar, me aventuré y salí hacia mi destino. 

Ella aquí la pasó muy ocupada en el día. Su papá la mantenía distraída con cuanta cosa podía. La llevó a jugar con su niñera y con otros niños. La llevó a la playa, al parque y al play ground. Le compró juguetes nuevos y la dejó comer alguna que otra comida chatarra.

Distracciones mientras mamá viaja sin bebé

Las noches parece ser… no fueron tan fáciles. Me cuentan que la primera noche lloró muchísimo. Las viejas técnicas de oler el suéter de mamá y finalmente subirla al carro y llevarla a dar un largo paseo hasta dormirse tuvieron que ponerse en práctica. Las siguientes, lograron ingeniárselas con algunas inconformidades. Se iban juntos a dormir, pero en lugar de presionarla para hacerlo, él, la dejaba jugar y cuando ella estaba lista, ella sola buscaba donde acurrucarse. Ni leche tomaba y hasta dormía mejor de madrugada, mientras yo me despertaba cada hora… después de 4 noches papá y bebé formaron un lazo muy especial.

Los primeros dos días me dolieron muchísimo los pechos. Yo llevaba mi extractor, mis copas y mis botellas pero por más leche que me extraía, los pechos no dejaban de incomodarme. Los masajes me ayudaron un poco hacia el final del segundo día. Me sorprendí muchísimo de ver la gran cantidad que aún me sale y me dio también muchísima tristeza tener que botarla al final de cada extracción.

Extracción al viajar sin bebé

La ciudad de Panamá, Casco Viejo y las Islas de San Blas (de lo que les contaré en otro post) son destinos que tienen muchísimo para ver y disfrutar. Eso traté cada segundo de mi viaje. A pesar de haber jurado que me levantaría a las 10 de la mañana todos los días, no logré dormir después de las 7 am ningún día. Los llamé todos los días como le había prometido, aunque claramente evité llamarla a horas caóticas como la noche para no “alborotar el panal”. 

A mi regreso

El día que regresé yo simplemente no podía esperar para verla! El viaje de regreso no era tan sencillo a pesar de ser Costa Rica y Panama países vecinos. Tan solo una hora hay entre la Ciudad de Panamá y San José, pero habían 4 horas en carro en plena Semana Santa entre San José y nuestro hogar en Guanacaste. Mi esposo la dejó dormir una siesta larga en la tarde para que según él pudiéramos vernos en la noche. Para cuando por fin llegué, ella seguía dormida. Intentamos despertarla pero no fue hasta la mañana siguiente que realmente pudimos abrazarnos. Mientras que para mi volver a ver a ambos fue como subirme en una montaña rusa de emociones, a ella no parecía impresionarle tanto, ella sólo quería que yo la llevara a la piscina a nadar. Tal vez ella había pensado que todo había sido un sueño? O tal vez ella me había entendido perfectamente bien que mamá sólo estaría fuera un par de días y luego todo estaría de vuelta en su lugar?

Lo cierto es que ella recordaba muy bien quién era mamá y ese lazo especial que nosotras tenemos. Ella tampoco olvidó “a su teta”, la quiso inmediatamente y yo por supuesto que se lo di. Aún no es el momento de destetar.

La moraleja es

“El que vuelve de un viaje no es el mismo que el que se fue”

A pesar de mi entusiasmo por volver a hacer algunas de las cosas que hacía tiempo no hacía (tomar una copa, o dos; conversar sin interrupciones, posar para la cámara miles de veces y explorar cada detalle de un lugar nuevo) tengo que admitir que si extrañaba mucho a mi esposo y a mi bebé, si conté las noches para que el viaje terminara y si estaban ellos presentes en mis pensamientos la mayor parte del tiempo. La gente le dice a uno que trate de no pensar en eso aunque aquello no siempre es posible y tampoco tiene nada de malo. Yo simplemente no puedo pretender que ahora ellos no sean parte de mí.

Siempre hay una cuota de culpabilidad que hay que manejar. No falta quien criticó haber dejado un par de días a mi bebé de tan temprana edad o por ponerme YO como prioridad por primera vez en año y medio al decidir realizar un viaje de placer. Es la misma cuota de culpabilidad que nos dan cuando regresamos a trabajar, cuando buscamos a alguien que nos ayude con el bebé por un par de horas o cuando se critica a una mamá cuyo bebé ha tenido un accidente. Me sentí terriblemente mala madre cuando mi esposo me dijo la primera noche en palabras literales “ella está siendo en este momento, absolutamente miserable”. Y aún así, ellos y yo lo logramos y lo superamos. Las mamás también necesitamos espacios para disfrutar y renovarnos y tenemos el absoluto derecho de decidir cómo, cuando y con quién lo haremos.

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